Identidad

Proemio

La CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 1978 consagró el derecho a la libertad de creación de centros(1). Formando parte de esta libertad, se encuentra la de establecer el ideario educativo propio(2) que puede incluir las características del tipo de educación, los criterios pedagógicos, la concepción de la comunidad educativa y de las relaciones en el seno de la escuela, etc.,(3) con los límites en el respeto debido a otros derechos fundamentales (4).
La educación cristiana tiene sus fundamentos teológicos en la misión evangelizadora de la iglesia. En su apostar por el hombre y su desarrollo integral, la comunidad cristiana tiene en el marco de la escuela el lugar privilegiado para ir realizando la síntesis entre fe y cultura, entre fe y vida (5). La necesidad y urgencia de una nueva evangelización exige una renovada presencia de la Iglesia, Madre y Maestra, en el campo educativo: “La Iglesia, como Madre, está obligada a dar a sus hijos una educación que llene su vida del Espíritu de Cristo y al mismo tiempo ayude a todos los pueblos a promover la perfección cabal de la persona humana”(6).

El Excmo. y Rvdmo.. Sr. Dr. D. Francisco Álvarez Martínez, Obispo de Orihuela-Alicante, fundamentándose en el derecho y el deber de la Iglesia a la Educación (7) y el marco legal vigente, aprobó este Ideario o Carácter propio de los Colegios Diocesanos de Orihuela-Alicante, en día 3 de diciembre de 1992.

I. Identidad de los centros educativos diocesanos

A.- PRESUPUESTOS FUNDAMENTALES

1. Todos los hombres tienen derecho a una educación adecuada, en auténtica igualdad de oportunidades, respecto a todos los niveles educativos, según la capacidad de cada uno (8).

2. Los padres son los primeros y principales responsables de la educación de sus hijos, y tienen derecho a elegir para ellos el tipo de educación que estimen más conveniente (9).

3. A la Iglesia corresponde también el deber y el derecho de la educación en cualquiera de sus grados, (id) Los colegios diocesanos participan de dicha función, en especial por su participación de la misión que el Obispo transmite a la comunidad diocesana.

4. Ya que este derecho a la educación comporta un derecho al pleno desarrollo de la personalidad del alumno (10), la razón de ser de los colegios diocesanos es estar al servicio del hombre, completando la acción educativa de la familia (11).

B. IDENTIDAD PROPIA: ESCUELA CATÓLICA DIOCESANA

5. Los colegios diocesanos son verdadera escuela, entendida ésta “como lugar de formación integral mediante la asimilación sistemática y crítica de la cultura. La escuela es verdaderamente un lugar privilegiado de promoción integral mediante un encuentro vivo y vital con el patrimonio cultural”(12).

6. Son escuelas católicas porque, reconocidas y dirigidas por su autoridad eclesiástica(13), se distinguen, “por la referencia explícita, compartida por sus responsables y educadores de la comunidad escolar en un grado de mayor o menor intensidad, a la visión cristiana”. Los principales valores evangélicos se convierten para ella en norma educativa, motivación interior y meta final. “Promueve el desarrollo interior de la personalidad de los alumnos porque todos los valores humanos encuentran en Cristo su plena realización y su unidad definitiva”(14).

7. Son escuelas católicas diocesanas por su inserción, pertenencia y participación en la calidad y vida de la diócesis, caracterizando la especificidad de su acción educativa apostólica según las directrices de la Jerarquía Eclesiástica Diocesana(15).

II.-Nuestra propuesta educativa

A.- NUESTRA CONCEPCIÓN DEL HOMBRE Y DE LA EDUCACIÓN

8. Los colegios diocesanos tienen una concepción personalista y cristiana del hombre. Conciben al hombre como persona, como “espíritu encarnado” que, en la unidad de cuerpo y alma de los que estructuralmente está compuesto, conforma un ser social y trascendente, salvado y liberado por Jesucristo, en quien ha sido hecho hijo de Dios.

El hombre tiene una primera vocación humana: ser persona, manteniéndose siempre en el horizonte de la racionalidad (pensar, querer y decidir como persona) y de la libertad, mediante un obrar típicamente humano (ser, obrar como persona). Junto a esa vocación humana, y no como yuxtapuesta o añadida, cada hombre está también llamado a una vocación cristiana: ser y actuar como hijo de Dios. Integrar la vocación humana y cristiana es uno de los objetivos fundamentales de nuestros centros.

9. A partir de esta concepción del hombre, se entiende que la educación viene a ser ese proceso ordenado a la realización del hombre en todas sus dimensiones; que educar es ayudar al alumno en la maduración de su capacidad de decidir por el bien en el camino hacia la madurez integral e integradora, como persona e hijo de Dios.

10. Los centros educativos diocesanos tienen como finalidad hacer de su alumnado personas cristianas que sean y actúen como tales.

B. – UNA FORMACIÓN PERSONALISTA, HUMANISTA, INTEGRAL E INTEGRADORA

11. La formación personal del alumno dentro de la comunidad educativa, desarrollada mediante la enseñanza activa, el trabajo en grupo, el estudio personal bajo la guía del educador, y la puesta en común de conocimientos y actitudes, fomentando la capacidad de aprender.

12. Especial cuidado merecerá la educación cultural-humanista que supere las limitaciones que la tecnificación actual impone a la persona y a la sociedad:

a. Educación de la inteligencia: que debe ser desarrollada en el conjunto armónico de la persona, procurando que la formación intelectual cuide de desarrollar el hábito de trabajo, estimulando al máximo el rendimiento de los talentos personales de cada uno, al servicio de todos.

b. La formación de la voluntad, a través de una equilibrada y razonable disciplina, de la asiduidad en el trabajo, del cumplimiento de los deberes escolares y extraescolares, y la austeridad debida, merece y necesita, hoy de manera particular, especial atención por parte del centro.

c. El fomento del desarrollo físico-corporal, de la educación deportiva y de los hábitos de salud e higiene física y mental de cada alumno, por ser el cuerpo una realidad esencial del hombre; y el deporte fuente y salud, y escuela de virtudes humanas tales como el dominio de sí, sacrificio, fortaleza (corporal, psíquica y espiritual), respeto, sentido del orden y otras.

d. La educación estética que fundamentalmente fomente la dimensión de la sensibilidad estética pero “naciendo” desde la armonía interior cuya única fuente se encuentre en la búsqueda de la verdad de las cosas.

e. Una formación socio-comunitaria que, inspirada en valores democráticos y pluralistas, capacite para la convivencia y el diálogo, entendido como búsqueda en común de la verdad y de la justicia, fomentando un necesario y recto sentido crítico compatible con el respeto a los demás, una actitud efectiva de servicio, el trabajo en grupo y la apertura a los otros aceptándolos con sus valores y limitaciones.

13. Aspiramos a formar un hombre con verdadero sentido de libertad y dominio de sí mismo, que apueste por el equilibrio, la madurez, la estabilidad racional y afectiva, viviendo su sexualidad desde una visión positiva y total del hombre, constante y firme, pero abierto al futuro del que es constructor, siendo sensible a los problemas, especialmente ante los de los más necesitados. Que viva animado por la solidaridad y el servicio a la promoción de un orden justo, sabiendo arriesgar y sacrificar sus intereses particulares al bien de los demás.

C.- DIMENSIÓN CRISTIANA DE LA EDUCACIÓN

14. La educación en la fe, tanto la instrucción viva y orgánica sobre sus contenidos, como las prácticas religiosas previstas en el plan pastoral del centro, en especial la oración, los sacramentos y el culto a María, no puede ser considerada como yuxtapuesta a los demás aspectos formativos del centro. Toda la orientación y actividades del mismo deben estar inspiradas por la vida de fe y ser expresión de ella. Solo así se podrá lograr situar debidamente la vida de fe en la vida integral del alumno para ayudarle a superar vivencialmente la ruptura entre la fe y la vida diaria.

15. Consecuencia de una auténtica formación de fe debe ser la valentía, apoyada en la gracia de Dios, para expresar su creencia cristiana en el comportamiento individual y social, con el testimonio de una vida personal y comunitaria, motivada por las exigencias de un cristiano maduro, propio de nuestro tiempo.

16. El sentido eclesial y el compromiso en y desde la Iglesia debe ser fomentado proponiendo y conectando a los alumnos con las instancias pastorales (parroquia, movimientos o asociaciones o grupos cristianos) que trascienden el marco del centro y aseguran una continuidad al acabar los estudios.

D.- ORIENTACIÓN VOCACIONAL

17. Una de las misiones más importantes de nuestros centros consiste en ayudar a cada uno de los alumnos a descubrir su modo personal de realizarse y de servir a los hombres en el cumplimiento de la voluntad de Dios sobre su vida.

18. Los centros educativos diocesanos son verdaderos agentes de pastoral juvenil y con carácter positivo presentarán el sacerdocio y la vida religiosa como un modo singular y privilegiado de realización personal en el servicio a Dios y a los hombres. Se procurará la conexión y colaboración con las realidades y directrices diocesanas en los ámbitos de pastoral juvenil y pastoral vocacional.

III.- Nuestro procedimiento educativo

19. Los colegios eligen su metodología educativa y sus criterios pedagógicos de acuerdo con la meta educativa final: formar personas y formar cristianos. Para que el alumno sea, y sobre todo, obre como persona y como cristiano, debe interiorizar los valores humanos y cristianos. No bastan el conocimiento ni la mera identificación superficial. Se precisa una interiorización de esos valores de forma que se conviertan en motivo de su obrar.

Esta interiorización no es posible sin una previa estructuración e integración de la personalidad de cada alumno, de manera que otros valores o tendencias valorativas no obstaculicen el proceso y creen inconsistencias psíquicas y sociales. Esta integración es la organización armónica de todas las potencialidades o tendencias de la personalidad.

Si no hay interiorización en cada alumno de los valores humanos y cristianos no hay verdadera educación, porque no actuarán como motivos del obrar. Por ello, esta interiorización o personalización progresiva de los valores será la que determine la elección de los métodos pedagógicos (sin interiorizar o no los valores). La educación debe llegar al ser de la persona (concepción y motivación).

IV.- El centro como comunidad educativa

A.- EL CENTRO: VERDADERA COMUNIDAD EDUCATIVA

20. El centro constituye una verdadera comunidad de educación en la que todos- titularidad, padres, profesores, alumnos y personal- participan, por los cauces previstos y aprobados en la elaboración y realización de toda la tarea educativa, en la que no habrá discriminación y se combinará, con sentido de la justicia, la apertura de los más necesitados con el cultivo de aquellos de quienes se pueda esperar mayor provecho e influjo en la sociedad, sea cual sea su condición social.

21.Todos los miembros de los consejos educativos y órganos de gobierno, conforme a su carga de responsabilidad aceptada y a de acuerdo con sus aptitudes personales y las circunstancias de cada uno, participan en la misión educadora de la entidad titular y en los procesos de decisiones que afectan al centro, conforme a lo establecido.

B.- LOS ALUMNOS

22. El alumno es el principal protagonista y agente de su educación toda la labor educativa se encamina a proporcionar al alumno los medios necesarios para que él tenga ocasión de ir creciendo y madurando como persona e hijo de Dios.

23. Los alumnos deben tener auténticos cauces de representación y participación proporcionada en la comunidad educativa.
C.- LA ENTIDAD TITULAR

24. El Obispado de Orihuela-Alicante, como entidad titular, promueve la acción educativa global en los centros, y ejerce su última responsabilidad ante la sociedad, los poderes públicos y el conjunto de la comunidad educativa. Vela por la unidad, la coherencia y la calidad de la enseñanza: delega y estimula las responsabilidades de las distintas funciones, creando un clima de libertad y participación que conduzca, a cada uno de los miembros de la comunidad educativa a considerar el colegio como algo propio, obra y responsabilidad de todos(16).

D.- EL PROFESORADO
25. Los profesores de los colegios diocesanos serán personas que destacarán por su recta doctrina e integridad de vida(17) y su compromiso de fidelidad al magisterio de la Iglesia.

26. Los profesores y educadores, sirviéndose del derecho y el deber de su formación permanente, deben conocer y aplicar, según las circunstancias y condiciones de cada etapa de formación y las necesidades de los alumnos, las técnicas más adecuadas que sirvan con eficacia para formar hombres y mujeres como los exigen el mundo de hoy y nuestro proyecto educacional.

27. El profesor y educador, de manera especial el tutor, cuidará la relación personal con el alumno, reflexionando con cada uno y acompañándolo en la orientación de su pensamiento y de su vida.

28. Los colegios aceptan la competencia de la jerarquía eclesiástica en todo lo relativo a la preparación, selección y designación del profesorado de religión, a los programas de enseñanza religiosa y a la aprobación de los libros de texto y material didáctico.

29. Así mismo, reconoce el derecho de vigilancia y de visita que le compete al Obispo propio en lo referente a aspectos religiosos, morales y pastorales de la acción educativa(18).

E.- LOS PADRES DE ALUMNOS

30. Tal como se proclama en los presupuestos fundamentales, no 2 de este Ideario, los padres son los primeros y principales responsables de la educación de sus hijos. Su deber de educar es el fundamento de su derecho a hacerlo. Esta misión la han de realizar en la escuela buscando la colaboración positiva con los profesores, respetando y apoyando las decisiones que les son propias por misión y conocimiento profesional.

31. Participación muy especial dentro de la comunidad educativa, corresponde a los padres de los alumnos, dada la responsabilidad básica que tienen a través de las Asociaciones de Padres de Alumnos y de los Consejos del Centro.

32. En el cuidado pastoral, los padres de los alumnos merecen atención preferencial por lo que influyen en la educación de sus hijos, y porque son en realidad los más allegados en el ámbito pastoral. En este sentido, los colegios diocesanos han de ser verdaderos espacios privilegiados de pastoral familiar y guardarán estrecha conexión con las realidades directrices diocesanas de este sector pastoral.

F.- RELACIONES HUMANAS Y LABORALES

33. Las relaciones humanas entre cuantos constituyen la comunidad educativa requieren un singular cuidado por su incidencia personal y comunitaria en el logro de los fines educacionales.

34. Dentro de las relaciones humanas revisten especial importancia las relaciones profesionales y laborales, que, en cuanto a retribuciones se refiere deben basarse en criterios de justicia, cumpliendo como mínimo las exigencias legales.

35. La marcha económica de los centros educativos diocesanos ha de ser patente a cuantos participan en ellos.

V.- Valor del carácter propio

36. Este carácter propio representa en su conjunto, un ideal. Por ello sería conveniente y pedagógico caminar con realismo en su puesta en práctica y adaptación por su parte de todos los centros.

Los objetivos concretos deben ser tanto más asequibles cuanto las metas finales perseguidas sean más difíciles, para evitar frustraciones en educadores y educandos.

De ahí la necesidad de elaborar en cada área educacional objetivos concretos, cuya consecución sea más asequible y evaluable, de acuerdo con este carácter propio.

37. Tiene valor normativo y sirve de referencia obligada para la evaluación del funcionamiento y resultados de la actividad educativa de cada centro.

Alicante 3 de Diciembre de 1992
(1) Cf. Constitución Española, Art. 27: LOGSE, premb).

(2) Cf. LODE, 22

(3) Cf. STC. 5/81, II, 8.

(4) Cf. STC. 5/81, II, 7; STC 77/85, II, 9.

(5) Cf. La Escuela Católica, S.C.E.C.

(6) Gravissimun Educationis, 3; Orientaciones para la Pastoral Educativa Escolar en la Diócesis. CEE 1992.CEEC.

(7) Cf. CIC 749, 1.

(8) Cf. Constitución, Art. 14, 27; Declaración Universal de los Derechos Humanos Art. 18,26; Convenio para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales Art. 9; Convención Relativa a la Lucha contra las Discriminaciones en el Campo de la Enseñanza Art. 2,3,5; Resolución del Parlamento Europeo sobre el Derecho a la Educación y la Libertad de Enseñanza Prin. Del 1 al 10 parte central; LODE Art. 1,; LOGSE, Preámbulo.

(9) Cf. Declaración Universal delos Derechos del Hombre, 26, 3; Pacto Internacional relativo a los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, 13,3;Constitución Española, 27; LODE Art. 1; Vaticano II, G.S., 1 y6; La Escuela Católica, 81-82; Resolución del Parlamento Europeo, sobre la libertad de Enseñanza, I, 1-9.

(10) Cf. LODE 1 y 2; LOGSE, Preámbulo.

(11) Cf. Vaticao II, G.S., 5; La Escuela Católica, 26-27.

(12) Cf. La Escuela Católica, 26-27.

(13) Cf. La Escuela Católica, 26.

(14) YANES, Elías. “La educación Cristiana”, CEEC, Edice 1988.

(15) Cif. CIC 806.

(16) Cf. STC de 13-2-81, II. 7. 8.; de 27-6-85, II. 8. 20; Secretariado de la Escuela Cristiana de Cataluña, “Nuestra propuesta educativa”, 20; “El Titular de un centro escolar de la Iglesia”, 2. 1.

(17) Cf. CIC 803, 2 y 804, 2; Vaticano II G.S., 8; La Escuela Católica, 73, 1.

(18) Cf. CIC 804-806; Vaticano II C.H.D., 35, 4; Ecclesiae Sanctae I, 39; Acuerdos Santa Sede-Estado Español, sobre Enseñanza y Asuntos Culturales, Arts. III y IV.